Autora: Stephanie Perkins.
Editorial: Plataforma Neo
Nº de Páginas: 399
ISBN: 978-84-15750-53-6
Precio: 17€
Para la diseñadora de moda en ciernes Lola Nolan, las prendas de ropa más llamativas, más brillantes, más divertidas, más salvajes, siempre son las mejores. A pesar de su estilo extravagante, Lola es una hija ejemplar y una buena amiga, y tiene grandes planes para el futuro. Todo en su vida parece bastante perfecto (incluso su guapísimo novio roquero) hasta que los gemelos Bell se mudan de nuevo a la casa de al lado.
Cricket Bell ha vuelto y quiere arreglar los problemas del pasado. Y Lola deberá reconocer sus verdaderos sentimientos hacia él.
Es fácil exponer en una reseña los motivos por los que un libro no te ha gustado, pero argumentar por qué un libro te ha encantado y se te ha clavado en las entrañas... eso sí es difícil, así que disculpadme si esta reseña no está demasiado hilada o no tiene el menor sentido. Dejadme que empiece diciendo que Lola y el chico de al lado es un libro muy especial y, aunque sabía que iba a gustarme mucho, no podía imaginar que me haría morir y resucitar varias veces en la misma noche. Soy firme defensora de que todos los libros contienen en mayor o menor medida un trocito del del autor y están influenciados por su personalidad, pero por lo poco que conozco sobre Stephanie Perkins me dio la sensación de que leer este libro era como leer directamente su alma.
Lola Nolan es una chica muy especial. Le habla a la luna y sus modelitos son a cada cual más extravagante, no le gustan los convencionalismos, tiene dos padres que la quieren muchísimo y un novio que está buenísimo y la quiere mucho. Su vida es radiante y perfecta hasta que la casa de al lado vuelve a quedar ocupada por los fantasmas de su infancia: la familia Bell, con sus vidas perfectas y sus hijos perfectos, ha llegado para poner patas arriba la podría-decirse-que-estable vida de Lola.
A diferencia de su predecesora, nada más leer la sinopsis de esta novela ya nos hacemos una idea de lo que vamos a encontrar en ella: un personaje extravagante y muchos, muchos problemas que esperamos que se solucionen con un final feliz. "Distinto", eso te grita este libro cuando lo tienes entre tus manos. Bien, si eso es lo que esperas encontrar entre sus páginas, una historia de amor bonita y distinta, con pequeños detalles de esos que tanto gustan a la Perkins (para qué mentir, a mí me tienen enamorada), este es tu libro. Una trama romántica sin caer en la empalagosidad, una relación ya existente que se tambalea cuando aparecen fantasmas del pasado, un chico que no soporta a su familia y está inevitablemente influenciado por ella, un chico con un talento especial y un estilismo perfecto, un chico que es capaz de bajar las estrellas para una chica que le habla a la luna.
Lola Nolan es una chica muy especial. Le habla a la luna y sus modelitos son a cada cual más extravagante, no le gustan los convencionalismos, tiene dos padres que la quieren muchísimo y un novio que está buenísimo y la quiere mucho. Su vida es radiante y perfecta hasta que la casa de al lado vuelve a quedar ocupada por los fantasmas de su infancia: la familia Bell, con sus vidas perfectas y sus hijos perfectos, ha llegado para poner patas arriba la podría-decirse-que-estable vida de Lola.
A diferencia de su predecesora, nada más leer la sinopsis de esta novela ya nos hacemos una idea de lo que vamos a encontrar en ella: un personaje extravagante y muchos, muchos problemas que esperamos que se solucionen con un final feliz. "Distinto", eso te grita este libro cuando lo tienes entre tus manos. Bien, si eso es lo que esperas encontrar entre sus páginas, una historia de amor bonita y distinta, con pequeños detalles de esos que tanto gustan a la Perkins (para qué mentir, a mí me tienen enamorada), este es tu libro. Una trama romántica sin caer en la empalagosidad, una relación ya existente que se tambalea cuando aparecen fantasmas del pasado, un chico que no soporta a su familia y está inevitablemente influenciado por ella, un chico con un talento especial y un estilismo perfecto, un chico que es capaz de bajar las estrellas para una chica que le habla a la luna.
Había una vez una chica que le hablaba a la luna. La muchacha era misteriosa y perfecta, como sólo lo son las chicas que le hablan a la luna. En la casa de al lado vivía un chico que la observaba mientras ella se convertía, año a año, en una chica más y más perfecta. Más y más hermosa. La contemplaba mientras ella miraba a la luna.
Lola y el chico de al lado es una novela más madura que Un beso en París, sin esos clichés embellecidos, con unos personajes más interesantes y unos conflictos mejor desarrollados y comprometidos tratando temas sociales y quizá algo dramáticos (entre modelito y modelito hay espacio y tiempo para los dramas familiares, por ejemplo), aunque no cuente con la magia de la ambientación porque, seamos honestos, San Francisco no puede igualar la magia de París. No me tiembla el pulso al afirmar que Lola me ha gustado bastante más que su predecesora.
Nuevamente el ritmo de la historia es vertiginoso, se lee prácticamente solo y me alegra saber que no soy la única enferma adicta que devoró esta novela en poco menos de una noche. No puedo más que estar de acuerdo con Dani Ojeda, uno de los fans-más-fans de los libros y de la Perkins que conozco, cuando dice que estos libros son lo que son porque están escritos por Stephanie, que es ella la que hace la historia encantadora, sorprendente, dulce y sencilla pero mágica a la vez. Apostaría mi reino a que si estuvieran escritos por cualquier otra persona, perderían litros y litros de magia.
¿Hay algo que no me haya gustado? Quizá me hubiera gustado que se ahondara más en cierto conflicto hacia el final del libro que se resuelve poniendo tiempo de por medio para no eternizar y ralentizar la novela y se convierte así en una pequeña laguna, pero la verdad es que no tengo queja ninguna de esta maravilla y si la tuviera sería un mal menor, desde luego.
A estas alturas de la reseña creo que debo aclarar que Lola no es estrictamente la secuela de Un beso en París, así como tampoco son novelas totalmente independientes, me explico: la historia de Un beso en París y la de Lola y el chico de al lado no tienen nada que ver salvo un par de personajes que aparecen como secundarios en esta última. ¿Quiénes? Oh, sí, no seré yo quien os estropee la sorpresa, pero sólo os diré que la historia de Anna y Étienne no acabó en Un beso en París. Hasta aquí puedo leer.
Insertar aquí suspiro de melancolía y amor infinito porque es lo único que puedo decir sobre el final. Ojalá pudiera borrar de mi cabeza este libro para volver a leerlo una y mil veces y volver a emocionarme con las últimas páginas, con los últimos párrafos, con el chico que le regaló las estrellas a la chica de los mil rostros y una sola cara.
Lo mejor: ¿TODO?
Lo peor: La pequeña laguna hacia el final del libro. Es decir, nada.
Lo peor: La pequeña laguna hacia el final del libro. Es decir, nada.

